“Una estrella ha caído”. Editorial Revista Adventista Enero 2015

Foto: (cc) Flickr/Christos Tsoumplekas. Esquina: Pedro Torres.
Foto: (cc) Flickr/Christos Tsoumplekas. Esquina: Pedro Torres.

Hace 10 años comencé mi andanza por la blogosfera. Entonces sólo unos pocos pastores adventistas estaban adentrados en ese bosque cibernético, y con cierta dificultad nos descubríamos unos a otros con sorpresa y admiración pionera mutua.

Fue verano de 2005 cuando conocí a Ryan Bell, pastor adventista en Hollywood, con una gran reputación en Internet y en su comunidad. Era un pastor que, respondiendo a sus inquietudes innovadoras, se adentró en muchos aspectos teológicos, tecnológicos, sociales y humanitarios. No era de extrañar que una mente así se adentrase explorando las posibilidades de Internet, así como lo hacía en otros aspectos de la vida. Siempre inquieto, experimentando, buscando el crecimiento de la comunidad local.

Nos perdimos la pista mutuamente, hasta hace un año. En diciembre de 2013 una noticia corrió como la pólvora en diversos medios de comunicación internacionales: “Pastor adventista se propone vivir como un ateo durante un año, sin Dios”. El titular me llamó la atención y cuando leí los artículos, me sorprendí aún más, era Ryan Bell. Su objetivo era “entender mejor a los ateos” y de esta forma, capacitarse para poder alcanzarles con el Evangelio de algún modo, eso sí, sin saber exactamente con qué se iba a encontrar. Evidentemente, fue despedido bajo fuertes críticas contra sus empleadores, la Iglesia Adventista, así como la Universidad donde daba clases de teología. Tan pronto supe de esta iniciativa, me preocupé en sobremanera y he intentado seguir su evolución con preocupación más que interés.

El 29 de diciembre de 2014 la noticia volvió a saltar en todos los medios, incluso la National Public Radio (NPR) de Estados Unidos (radio nacional pública), le hizo una entrevista ese día. Tras un año de vivir sin Dios, sin orar, sin leer la Biblia, sin asistir a ninguna iglesia, yendo a convenciones de ateos, leyendo literatura atea, como haría “cualquier ateo”, reconociendo en la entrevista que ni siquiera la mayoría de los ateos actúan así, la conclusión del ex-pastor Ryan Bell es: “Soy un ateo confeso, Dios no existe”.

Mi corazón se encogió en ese momento, y por varios días. Alguien a quien consideraba un afín, un pionero en pensar “fuera de la caja”, en exploración de nuevas estrategias y herramientas para la predicación del Evangelio, ha caído.

No paro de pensar en toda la evidencia que la historia, la arqueología, la lógica aporta comprobando la veracidad de la Biblia. No voy a hacer apología de la inspiración de la Biblia (véase si se tiene tiempo, el estudio bíblico sobre la inspiración de la Biblia, y relación entre la Biblia y la ciencia), ni voy a enumerar la larguísima lista de hallazgos arqueológicos que apoyan el relato bíblico, las menciones a David y Salomón en sus palacios, cuevas de Qumrán, y un larguísimo etcétera. Me pregunto cómo puede encajar ahora los relatos de Daniel 2, 7, 8, 9, con la realidad histórica. Incluso aceptando el método histórico-crítico (que no comparto) y ubicando al profeta Daniel en el s. II a.C. en lugar del s. VI a.C., sigue sin explicarse la previsión de la caída del imperio romano, el desarrollo de Europa, muchas cosas relativas a la Edad Media, caída del papado en 1798, etcétera.

“Dime con quién andas, y te diré quién eres”. Si se anda un año con ateos, no “buscando” ateos, sino andando, en el concepto bíblico, con ellos, ¿sorprende que se acabe siendo ateo?

Soy pastor adventista y no puedo dejar de olvidar que fui nieto de una espiritista (por un lado, por el otro soy adventista de tercera generación) y sé por experiencia propia lo que Satanás y sus ángeles son capaces de hacer a través de sus “siervos”. Lo que ahora se conoce como “actividad paranormal” es algo que nadie tiene que contarme, al igual que a muchos, pues hemos sido testigos de esos sucesos. Eso son “sombras”, y si hay sombra, es que hay un objeto que oculta el Sol, ergo también hay Sol. Ese “objeto” es Satanás, y ese “Sol” es Dios (la Biblia habla del Sol de justicia, Malaquías 4:2).

Siendo positivo, también he vivido verdaderos y evidentes milagros durante mi vida y en mis carnes, en las misiones en África, tras la guerra de Ruanda en 1994, sin ir más lejos. Habría tenido que morir muchas veces a lo largo de mi vida y en no pocas ocasiones ni los médicos, ni testigos se explican qué ha ocurrido y por qué estoy vivo… ¿Qué haría ahora Ryan Bell con todo eso si fuese su caso?

No conozco tanto a Ryan Bell como para saber si ha tenido todo este tipo de experiencias personales que indudable y abrumadoramente gritan que Dios no solo sí existe, sino que manifiestan que es un Dios muy activo en la vida de cada uno. Lo que sí se, es que me asusta ver cómo una persona es capaz de perderse en razonamientos humanos, al punto de dejar de ver y negar incluso la existencia del Sol.

“Quiero estar lo más cerca posible de la realidad, así como antes quería estar en relación con Dios”, es una de las perlas que dejó el ex-pastor Bell en la entrevista. Lo que más me preocupa es la capacidad del ser humano para justificar sus pensamientos, actitudes y proceder. La tremenda capacidad de adentrarnos en lugares que sabemos no son los correctos y justificar esa decisión. Puede ser, como en el caso de este ex-pastor, el mundo del ateísmo, o puede ser el flirteo con una mujer a la que “le presentamos el Evangelio”, puede ser la compra de ese coche, reloj, casa, u objeto que tanto deseamos aún sabiendo que estamos ahogados económicamente, puede ser esa actitud empecinada para “demostrar” que se es fiel a un “principio” (habría que ver si se trata de un principio o de orgullo y no reconocer errores). El fin no justifica los medios.

Sólo sé una cosa, Dios es un caballero, si se me permite esa expresión, y nunca entrará donde no se le invita. Por eso es necesario orar, leer la Biblia. Tras un año de haber echado a Dios fuera de tu vida, se es, de facto, un ateo, no porque Dios no exista, sino porque ya no existe en tu vida.

Me asusta ver la facilidad con la que nos podemos justificar en nuestras actuaciones y, poco a poco, echar a Dios de nuestra vida, incluso en su propio nombre con el fin de “ayudar a los demás” para el “avance de su obra”. Descansa en paz, pastor Ryan Bell, bienvenido a un nueva realidad ateo Ryan Bell.

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