147 razones para no ser fundamentalista (Editorial RA Mayo 2015)

Fundamentalismo

La tragedia de la Universidad de Garissa en Kenia es un ejemplo de como el fundamentalismo puede derivar en algo tan trágico como segar la vida de 147 personas. La motivación es un regreso a las sendas antiguas del Islam, un retorno a lo supuestamente fundamental de una religión.

No quiero ahondar en la tragedia, sino aprender de ella y aplicarnos la lección a nosotros mismos. En nuestra Iglesia cada vez se hace más popular hacer las cosas con un sabor y un aire del s. XIX. Se habla de volver a las “sendas antiguas” (Jer. 6:16) justificando así muchas conductas restrictivas y anacrónicas, en algunos casos hasta violentas. Sí, violentas, podemos no matar como los fundamentalistas islámicos, pero sí lo hacemos con un comentario, con una mirada (Mateo 5:28).

Los cristianos que se denominan “fundamentalistas” afirman recuperar los fundamentos de la fe, y citan con frecuencia las palabras de Jesús, “mas al principio no fue así” (Mat. 19:8). Pero, ¿es esto lo que deseaba Jesús? ¿Fue un fundamentalista?

El fundamentalismo propone volver a las “sendas antiguas” en modo y forma, pero muchas veces se olvida del fondo. Jesús no fue un fundamentalista en absoluto, sino un revolucionario de la nostalgia; nostalgia por los principios, el fondo de las cosas de la antigüedad. Jesús fue el Maestro en rescatar los principios antiguos que se diluyeron con el tiempo en la mezcla de las tradiciones y las formas.

Jesús fue y es un experto en actualizar y mantener fresca la Palabra del Evangelio. Sus palabras eran rotundas y a la vez frescas: “Oísteis que fue dicho” (Mat. 5:21, 27, 38, 43), y luego añadía “mas yo os digo…” y entonces hacia el milagro de rescatar el principio que había detrás para sacarlos a la luz y en el contexto contemporáneo. Pongo un ejemplo: la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio (Juan 8:4). Los más puritanos llegaron con “El Manual de la Iglesia”, reclamando disciplina. Jesús rescata en ese momento lo fundamental, lo más antiguo, el motivo de la disciplina: la redención y el perdón, “ni yo te condeno, vete y no peques más” (Juan 8:11). No confundió las formas con el fondo, y rescató la verdadera “senda antigua”, el perdón y el amor.

Pero fue más allá aún, no solo ejerció misericordia con la mujer, también la ejerció con los acusadores. Bien podría haberles exigido que le pidieran perdón a ella por tenderle una trampa, pero no lo hizo. El perdón mutuo y la reconciliación se aprenden y nacen de dentro, fruto del Espíritu Santo (Gál. 5:22-23). No se puede exigir desde el exterior. Jesús fue y es un hombre de principios, no un fundamentalista.

Hoy Jesús no propondría que hiciésemos lo mismo que en el s. XIX y vistiésemos trajes decimonónicos, sino que actualizaría su mensaje al público del s. XXI. Tenemos 147 razones para pensar en qué significa realmente “volver a las sendas antiguas”. Nos podemos equivocar de camino al avanzar en el futuro, pero también nos podemos equivocar de camino regresando al pasado en busca de los principios, como le sucede a los islamistas extremistas, y en definitiva, a cualquier tipo de fundamentalismo.

Descargar el documento en PDF.

Ver el vídeo de este documento improvisado para la Unión Adventista Italiana:

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