La devaluación de la oportunidad y el populismo (Editorial Revista Adventista Julio 2015)

PopulismoLa noticia de este mes es Grecia y su posible salida del Euro. Sin entrar en política económica, me llama la atención el estilo del liderazgo. El populismo se impone en el panorama internacional para disfrazar más de lo mismo, promesas que agradan a muchos y luego no se puede cumplir lo prometido (o no se quiere). Se presentan oportunidades que desaprovechamos o malgastamos engañando a los demás o incluso a nosotros mismos.

En la Biblia tenemos muchos casos de oportunidades devaluadas y populismos, pero me voy a centrar en dos reyes por contraposición, Saúl y David. Saúl fue un rey conforme el corazón del pueblo como acuerdan la mayoría de comentaristas, en contraste con David del que la Biblia dice expresamente que fue rey “conforme al corazón de Dios” (1 Sam. 13:13-14; Hech. 13:22).

Saúl fue un rey populista, pura apariencia. El hombre más alto entre todos, el fuerte, el que daba la mejor imagen. Cuántas veces nos dejamos llevar por las apariencias, aparentar lo que no somos, pensar que el “pueblo” aclama cosas que no sabe. En el momento de su “nombramiento” se escondió entre odres (1 Sam. 10:22) demostrando su falta de rigor y confianza en Dios, quien lo había escogido, eso sí, conforme al deseo del pueblo.

Saúl aprendió a tomar decisiones, pero errando. No vio el principio que había detrás de cada oportunidad, sino que había una “oportunidad”. Cuando tenía que ser firme, no lo era, desobedeciendo el mandato e instrucciones divinas, y cuando tenía que ser paciente y esperar, hizo lo contrario, se mostró decidido. Demostró con el paso de los 40 años de su reinado que nunca aprendió la lección. Sus decisiones se dejaban llevar por la apariencia, al igual que el pueblo, y no por el principio.

David fue todo lo contrario, estaba trabajando duro haciendo labores manuales y poco agradecidas, a diferencia del resto de sus hermanos, cuando Samuel fue a buscarlo por orden divina para ungirlo como rey sobre Israel. David veía las oportunidades y tomó decisiones que no siempre eran populares, pero conforme al principio de Dios. Cuando pudo matar a Saúl, inexplicablemente para sus seguidores, le perdonó la vida. Cuando tuvo que salir contra los amalecitas sin ser “oficialmente” aún el rey y con unos pocos cientos de hombres, ganó la batalla.

Ambos reyes cometieron errores, pero la diferencia entre ambos siempre fue el espíritu y el motivo con el que hicieron las cosas. La apariencia y la imagen, el qué dirán por un lado, frente a hacer la voluntad de Dios, aunque no se entienda por qué debo “perder” una oportunidad, por el otro.

Pablo dijo en un momento determinado, subrayando la idea que aquí subyace: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil. 3:7-8).

Moisés, precursor de Cristo, pudo haber sido Faraón, y liberar a Israel, pero su plan se torció. La pompa y el boato se tornó en un desierto y un puñado de ovejas. Su pérdida resultó en ganancia.

Cristo mismo es nuestro máximo ejemplo. En la semana de la pasión hizo su entrada triunfal en Jerusalén, fue aclamado como Rey y, humanamente, habría sido una buena idea. Hablando de su sufrimiento dijo Pedro: “en ninguna manera esto te acontezca” (Mat. 16:22). No obstante, la “oportunidad desperdiciada” de Jesús ha sido nuestra ganancia. Cuando el deber y seguir los principios puede convertirse en impopulismo, una aparente devaluación de las oportunidades es, para el cristiano, su ganancia. Pero hacer clichés, como ocurre en Grecia, tomar decisiones populistas que luego no se pueden cumplir, mantener o sostener, es seguir el camino de Saúl. Es hacer lo que uno cree que la gente va a valorar, y no lo que Dios realmente valora. Luego, hacemos referéndums y queremos involucrar al pueblo para evitar la responsabilidad del liderazgo, y finalmente, la calamidad que se quiso evitar regresa aún peor. ¿Qué decisiones estás tomando en tu vida y familia? ¿Son para que nos vean socialmente mejor, buena casa, buen coche, o sigues los principios divinos a pesar de las oportunidades que puedas perder?

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