Las secciones tridimensionales de lo infinito.

  Acabo de leer mientras estoy de viaje (hoy le toca conducir a mi esposa un largo rato y puedo leer) un precioso y profundísimo artículo que a la vez que está escrito en un sencillo lenguaje, nos hace pensar en la multidimensionalidad de Dios, haciendo razonar al lector hasta llegar a la conclusión de que la realidad de Dios y sus infinitas dimensiones representan la realidad absoluta, reduciendo nuestra existencia a una pálida realidad de solo tres dimensiones. 

Me parece tan digno de leer que me permito el lujo de copiar y pegar el texto a continuación (con la referencia debida, por supuesto): 

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Por Yoeli Kaufman en Diario Judío.

La parashá Beshalaj dice en Éxodo 13:21, “El SEÑOR caminaba delante de ellos: durante el día en una columna de nube para señalarles el camino; y por la noche, en una columna de fuego para alumbrarlos”.

Éxodo 16:10 continúa: “Y mientras Aarón hablaba con toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y vieron que la gloria del SEÑOR apareció en la nube”.

¿Qué vieron los hijos de Israel en la nube? ¿Por qué apareció HaShem en un arbusto ardiente, una columna de fuego o una nube? Tanto el fuego como las nubes tienen formas indeterminadas. ¿Tenía la nube en la que apareció la gloria de HaShem el aspecto de una nube real como las que vemos normalmente en el cielo o era algo sin forma definida que a los antiguos israelíes les recordaba simplemente a las cambiantes formas de las nubes?

¿Era la “gloria del SEÑOR” algo físico que proyectaba luz a las retinas de sus ojos o se les otorgó una visión “especial” para percibir algo que estaba fuera del pequeño porcentaje del espectro electromagnético que es visible? En 2 Reyes 6:17, Eliseo oró para que HaShem abriera los ojos de su siervo y que este viera los caballos y carros de fuego alrededor de ellos. ¿Por qué no podía el siervo de Eliseo ver los carros de fuego si ya estaban ahí? ¿Estaban ocultos en alguna dimensión invisible?

Sorprendentemente, los físicos están averiguando poco a poco cómo comprobar científicamente muchas de las preguntas más antiguas de la humanidad. Como suele pasar, la ciencia ficción del siglo pasado es la ciencia de este siglo. Las supercuerdas, la teoría-M, otros universos, el espacio-tiempo infinito y dimensiones adicionales son todas áreas populares de la investigación científica en la física moderna. Gran parte de estas investigaciones apareció a raíz de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. Pero antes que Einstein, estuvo Georg Bernhard Riemann.

El ensayo de Riemann “Sobre las hipótesis de los fundamentos de la Geometría”, presentó las matemáticas de dimensiones espaciales adicionales el 10 de junio de 1854 ante la facultad de la Universidad de Göttingen. Albert Einstein continuó este pensamiento del tiempo como dimensión espacio-temporal adicional. Es cuestionable si Einstein podría haber desarrollado la teoría de la relatividad sin la contribución de Riemann.

En las décadas que siguieron a la obra seminal de Riemann, la cultura popular proporcionó todo tipo de formas de pensamiento acerca de dimensiones espaciales adicionales. La cuarta dimensión influyó en las obras de Fyodor Dostoyevsky, H.G. Wells y Oscar Wilde. Lewis Carroll, un matemático cuyo nombre real era Charles L. Dodgson, incluso incorporó la idea de un portal matemático a su obra “Alicia en el país de las maravillas” para los niños.

Aunque H.G. Wells, aún antes de Einstein, popularizó la idea en 1894 de que el tiempo era la cuarta dimensión, Jean d’Alembert ya había considerado el tiempo como la cuarta dimensión en 1754. A.T. Schofield en 1888 argumentó que Dios residía en la cuarta dimensión, mientras que Arthur Willink sostuvo en 1893 que solo el espacio infinito-dimensional era digno de Dios.

Linda Dalrymple Henderson lo dijo así: “La cuarta dimensión se había convertido casi en una palabra doméstica en 1910…. Desde un ideal platónico a una realidad kantiana, o incluso el Cielo, la respuesta a todos los problemas que desconciertan a la ciencia contemporánea, la cuarta dimensión podría ser todas las cosas para todas las personas”.

Treinta años tras el ensayo de Reimann, Edwin Abbot escribió su obra de ficción Planilandia: una novela de muchas dimensiones, de A Square. La Planilandia de Abbott está habitada por formas geométricas planas como líneas, cuadrados, polígonos y círculos. Puesto que Planilandia es totalmente plana y está habitada por formas bidimensionales, la tercera dimensión es totalmente imperceptible para ellos.

Un día, el Señor Esfera visita al Sr. Cuadrado, pero puesto que el Sr. Cuadrado solo puede percibir dos dimensiones, el Señor Esfera aparece como un círculo que cambia de tamaño. Como el concepto de una dimensión adicional es imposible de comprender para el Sr. Cuadrado, el Señor Esfera despega al Sr. Cuadrado de su superficie bidimensional y le permite experimentar la naturaleza exótica de las tres dimensiones. En la tercera dimensión, todo cambia de forma, aparece y desaparece porque el Sr. Cuadrado solo puede percibir “rodajas” bidimensionales de objetos tridimensionales.

Para ilustrar este punto, piense en una esfera que baja por un plano bidimensional. Cualquier habitante de Planilandia que viera el descenso percibiría inicialmente la esfera como un punto que se convierte en un círculo. El círculo crecería cada vez más de tamaño y después disminuiría de forma similar hasta convertirse en un punto de nuevo y desaparecer.

Una esfera tridimensional que desciende por un plano bidimensional podría ser percibida solo como rodajas circulares de dos dimensiones que aumentan y después disminuyen de tamaño (revisión de Yoeli Kaufman de una ilustración de Robert O’Keefe en el libro de Michio Kaku, Hiperespacio).

Una persona tridimensional podría encarcelar a un habitante de Planilandia simplemente dibujando un cuadrado, un círculo o un óvalo a su alrededor. Si la persona tridimensional despegara a este habitante de la superficie de su mundo bidimensional, cualquier amigo suyo de dos dimensiones percibiría su repentina salida como una desaparición en el aire. El habitante de Planilandia reaparecería del aire también si la persona tridimensional le colocara de nuevo en su propio mundo bidimensional.

Si un ser tridimensional descendiera a un plano bidimensional, un habitante de Planilandia percibiría dos extrañas figuras geométricas (zapatos) que cambian a dos formas parecidas a círculos (piernas) que crecen de tamaño hasta que se convierten en dos círculos más pequeños (brazos) acompañados por un círculo mayor (torso) que se hace más pequeño (cuello) y después más grande (cabeza), desapareciendo en un punto de la coronilla.

No hace falta tener mucha imaginación para extrapolar las experiencias del Sr. Cuadrado a nuestra discusión sobre la Torá. Si un Ser “sobrenatural” de cuatro dimensiones o incluso de infinitas dimensiones, por ejemplo, quisiera revelar Su “gloria” a los hijos de Israel, ellos solo habrían podido percibir secciones tridimensionales que habrían cambiado de tamaño y forma cuando el Ser entró y salió de sus tres dimensiones.

La ciencia intenta estudiar lo que es real. O Dios es un mito o Él es más real que cualquier cosa que conozcamos en nuestras tres dimensiones del espacio. Es inevitable que la ciencia influya cada vez más en nuestra visión de la vida y que incorporemos conceptos científicos a nuestros intentos cambiantes de comprender lo divino.

No estoy afirmando que Dios habite en otra dimensión o que Él pueda ser explicado mediante los ejemplos anteriores como un “ser” de un número mayor de dimensiones que sería percibido en un número menor de dimensiones. Solo digo que “podría” ser cierto, nada más y nada menos que eso.

Propongo que si nuestra especie sobrevive otros diez mil años, nuestras nociones primitivas acerca de la realidad serán consideradas poco más que arañazos en la pared de una cueva del siglo XXI. Ninguno de nosotros hará algún progreso si continuamos sentados en nuestra cueva haciendo nada más que lamentarnos por la oscuridad. No satisfecho con sentarme en la oscuridad, únicamente estoy “abriéndome paso palpando” en un pequeño intento de encontrar una puerta o una apertura que me lleve a la luz.

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Enlace al artículo en inglés: http://blogs.timesofisrael.com/three-dimensional-sections-of-infinity/

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