Cristo, la escalera mística (vídeo y audio)

Foto: (cc) Stairway to heaven by Spacechili / Devianant.
Foto: (cc) Stairway to heaven by Spacechili / Devianant.

Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Génesis 28:12.

El caso de Jacob, cuando peregrinaba lejos de su hogar, al mostrársele la escalera mística, por la cual descendían y ascendían los ángeles del cielo, tenía el propósito de enseñar una gran lección en cuanto al plan de salvación…

La escalera representaba a Cristo; él es el canal de comunicación entre el cielo y la tierra, y los ángeles van y vienen en un trato continuo con la raza caída. Las palabras de Cristo a Natanael estaban en armonía con la figura de la escalera, cuando dijo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”. Juan 1:51. Aquí el Redentor se identifica con la escalera mística que posibilita la comunicación entre el cielo y la tierra…

Al asumir la humanidad, Cristo plantó firmemente la escalera en la tierra. Llega hasta el más alto cielo, y la gloria de Dios brilla desde su cima y la ilumina toda, mientras los ángeles van y vienen con mensajes de Dios para el hombre, con peticiones y alabanzas de los hombres para Dios… En la visión de Jacob, la unión de lo humano y lo divino fue representada en Cristo…

No es fácil ganar la vida eterna. Con fe viviente, hemos de continuar avanzando, ascendiendo la escalera peldaño tras peldaño… y sin embargo, debemos entender que ningún pensamiento santo, ningún acto desinteresado, pueden originarse en el yo. Solo mediante Cristo puede haber alguna virtud en la humanidad…

Pero al paso que no podemos hacer nada sin él, tenemos algo que hacer en relación con él. En ningún momento debemos relajar nuestra vigilancia espiritual; pues estamos pendiendo, por así decirlo, entre el cielo y la tierra. Debemos aferrarnos a Cristo, subir mediante Cristo, convertirnos en colaboradores con él en la salvación de nuestra alma.—The Review and Herald, 11 de noviembre de 1890.

Por E.G.White “A Fin de Conocerle”, página 18.

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