Una vida sin pecado (vídeo y audio)

Foto: (cc) Flickr/Tim Shields BC
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Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Hebreos 4:15.

Consideremos cuánto le costó a nuestro Salvador, en el desierto de la tentación, proseguir en favor de nosotros el conflicto con el astuto y maligno enemigo. Satanás sabía que todo dependía de su éxito o fracaso en su tentativa de vencer a Cristo con sus múltiples tentaciones. Satanás sabía que el plan de salvación sería llevado a cabo hasta su cumplimiento, que su poder le sería quitado, que su destrucción sería cierta, si Cristo soportaba la prueba que Adán no pudo soportar.

Las tentaciones de Satanás alcanzaron su máxima efectividad al degradar la naturaleza humana, porque el hombre no podía hacer frente a su poderosa influencia. Pero Cristo, en lugar del hombre, como representante del hombre, descansando plenamente en el poder de Dios, soportó el difícil conflicto a fin de ser un perfecto ejemplo para nosotros. Hay esperanza para el hombre… La obra que está delante de nosotros es vencer como Cristo venció…

Tenemos todo que ganar en el conflicto con el poderoso enemigo, y no nos atrevamos por un momento a rendirnos a su tentación. Sabemos que en nuestra propia fuerza no es posible que tengamos éxito; pero así como Cristo se humilló y tomó nuestra naturaleza, conoce nuestras necesidades y ha soportado las más difíciles tentaciones que el hombre deba soportar, ha vencido al enemigo al resistir sus sugestiones, a fin de que el hombre pueda aprender a ser vencedor. Fue revestido con un cuerpo como el nuestro, y en todo respecto sufrió lo que sufrirá el hombre, y muchísimo más. Nunca se nos demandará que suframos como sufrió Cristo, pues los pecados no de uno sino de todo el mundo fueron colocados sobre Cristo. Sufrió la humillación, el reproche, sufrimiento y muerte para que siguiendo su ejemplo pudiéramos heredar todas las cosas.—Manuscrito 65, 1894.

Por E.G.White “A Fin de Conocerle”, página 30.

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