Lectura Bíblica: 1 Co. 5:7, 8.

Introducción.

En el antiguo Israel, se instituyó una ceremonia la misma noche que fueron liberados de la esclavitud de Egipto. Esa ceremonia se llamó Pešaj, o “pascua”, palabra que significa “cojear”, en memoria del Ángel de Jehová, que “cojeó” mientras iba quitando la vida de los primogénitos. Cojeó al entrar en una casa sí y en otra no. No entraba en las casas cuyas puertas estaban marcadas con la sangre del cordero. Ese cordero simbolizaba la muerte sustitutiva del verdadero Cordero de Dios, en lugar de los que ocupaban ese hogar. Esta ceremonia tiene un ritual muy interesante, hay salmos que fueron compuestos para ser cantados en dicha ocasión, los que componen el Hallel. Entre ellos, el 116, probablemente fue el que cantaron Jesús y sus discípulos según Mateo 26:29, 30 donde leemos “os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 30 Y después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos”. También había 5 copas con un significado interesante e importante, que Jesús cumplió en la institución de la Santa Cena, pero eso lo dejaremos para otro momento.

1. La Santa Cena.

Unos 1.500 años después de la institución de la Pascua, vino su cumplimiento. Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, anunciado por Juan el Bautista como “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, tomaba parte de la misma fiesta, y en esta ocasión, de un modo especial, pues tenía que hacer algo. La Pascua iba a perder su sentido figurativo, ya no tendría que anunciar más algo por venir, ni sería más necesaria la muerte de ningún cordero, pues el verdadero Cordero estaba a punto de morir. Iba a morir para que los hijos espirituales de Abraham, no pereciesen. Iba a morir para poder dar vida eterna a todos aquellos que marquen los dinteles y el umbral de su vida con la preciosa sangre del Mesías, del Ungido con dolores y sufrimiento.

La Pascua tenía un símbolo más, requería, según Éxodo 12:15, lo siguiente: “Siete días comeréis panes sin levadura; además, desde el primer día quitaréis toda levadura de vuestras casas; porque cualquiera que coma algo leudado desde el primer día hasta el séptimo, esa persona será cortada de Israel”. Si lo fermentado estaba prohibido, al igual que el pan no debía tener levadura, el vino debía ser sin fermentar, es decir, vino nuevo o “mosto”, zumo de uvas.

La levadura siempre ha sido símbolo del pecado, Jesús dijo en Lucas 12:1 que la levadura de los Fariseos es la hipocresía. Pablo usa ambos términos juntos en 1 Corintios 5:6 – 8 donde dice: “6. Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? 7 Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. 8 Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad.”

La Pascua era un momento de examen de conciencia, de quitar la “levadura” del pecado en nuestra vida, en nuestras casas, pues el texto decía “quitaréis toda levadura de vuestras casas”. También hemos visto de la mano de Pablo que Cristo es nuestra Pascua, por lo tanto, a nosotros también se aplica lo enseñado por Moisés acerca de la Pascua. Es necesario anunciar con una semana de antelación el rito de Santa Cena en la Iglesia, no en vano dice Éxodo “Siete días comerás pan sin levadura”. Siete días, de un sábado al otro, es el tiempo que tenemos para limpiar nuestra vida de pecado, hacer examen de conciencia, lo que tradicionalmente hemos llamado “semana de preparación” para la Santa Cena.

En esa misma línea nos apunta Pablo cuando nos dice que celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad. ¿A qué fiesta hace referencia Pablo? No puede ser otra que la Pascua Cristiana o Santa Cena.

Es el momento de dejar a un lado lo que nos impide participar. Es el momento de ver qué no ha sido aún remediado en nuestra vida. Hoy puede ser un buen día para restablecer la paz los unos con los otros.

Ahora se procede al rito del lavamiento de pies. Es un buen momento para encontrar a alguien y reparar alguna relación dañada con esta persona.

Invito a que lavemos nuestro corazón (simbólicamente) de los restos de levadura, probablemente aún quede algún pequeño resto de levadura en algún rincón.

Si encuentran a la persona que podría ayudarles a lograrlo, es ahora es la mejor ocasión. No es fácil, pero es siempre digno.

Les ruego a todos los que participarán a que encuentren el lugar adecuado preparado de antemano para el lavamiento de pies.

(Marchar al lavamiento de Pies).

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