«Misericordia mía y mi castillo, Fortaleza mía y mi libertador, Escudo mío, en quien he confiado; El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.» «Tú, el que da victoria a los reyes, El que rescata de maligna espada a David su siervo. Rescátame, y líbrame de la mano de los hombres extraños, Cuya boca habla vanidad, Y cuya diestra es diestra de mentira.» Salmos 144:2, 10-11 RVR1960

es-promesaMe encanta la forma en que el rey David describe a Dios. Él reconoce su debilidad e indefensión llamando a Dios nuestra Fortaleza, donde se siente seguro y protegido.

Cuando David dice que Dios es su fortaleza, reconoce que la vida humana es inestable, y Dios es el ancla que estabiliza su vida.

También llama a Dios “escudo”, que refleja la idea de protección bajo ataque. Un escudo le da la seguridad de seguir avanzando a pesar de las flechas y las piedras lanzadas a ti.

Con esta imagen sabemos que tendremos la protección de Dios si contamos con Él, si nos aferramos a Él como necesitamos sostener un escudo con mano y brazo firmes. Mientras estemos debajo o detrás de Dios (escudo) estaremos protegidos. Por supuesto que vamos a sentir el golpe de las flechas y las piedras, pero nunca pondrán fin a nuestra vida.

Esta promesa también nos recuerda que estaremos casi constantemente bajo ataque, pero contando con la segura protección de Dios si nos aferramos a Él.

En este mismo salmo David va más allá. Dios no sólo nos protege, Él también es el que logra la victoria. Él es quien, por fin, rompe la espada del enemigo. Él es quien, en el peor de los casos, cuando hemos sido capturados prisioneros, nos rescatará.

Pero lo que más me gusta es la idea final vertida en este texto. David habla de aquellos enemigos que no podemos percibir, porque sus armas no son espadas ni flechas. Dios, nuestro “escudo”, nos protege de este tipo de ataque abierto. Las mentiras y los engaños no son fáciles de percibir, y es por eso que pudimos ser capturados, porque no percibimos el ataque hasta que fuimos hechos prisioneros de esos mentirosos. Es bajo esas circunstancias donde encontramos al Dios nuestro libertador.

En cualquier caso, Dios es nuestra protección constante bajo el ataque más fuerte, y nuestro Libertador cuando somos engañados y atrapados por los enemigos más astutos. Dios ha prometido.

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