Lectura Bíblica: 1 Co. 5:7, 8.

1. Jesús Instituye la Santa Cena.

Jesús conocía muy bien todo el simbolismo, pues Él mismo lo había dado para que el mundo conociese el momento de su venida, y lo que venía a hacer. Al igual que instituyó la Pascua en el Antiguo Israel, como limpieza de pecado, ahora que llegaba el cumplimiento de la Pascua, era el momento de, en la misma ocasión, establecer una ceremonia que ya no anunciaba un Cordero prometido en lo futuro, sino que iba a recordar la venida del Cordero en el pasado.

LAVAMIENTO DE PIES

Jesús establece una simbología nueva. En vez de limpiar la levadura literal de una casa, como símbolo del pecado, dice en Juan 13: 4 “se levantó [Jesús] de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida”. Significa lo mismo, limpiar la vida del creyente de todo pecado. Esto es un símbolo que recuerda el bautismo del creyente, pues Jesús mismo indicó: “El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos”.

Además se quiso asegurar de que entendiésemos que era un rito a seguir, tal cual se siguió la Pascua por 15 siglos fielmente. Dijo, en Juan 13: “14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15 Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis”.

PAN

En la Pascua, el cordero debía ser sacrificado entero, no se debía quebrar ni un solo hueso de él. En Éxodo 12:9 dice: “No comeréis del cordero nada crudo, ni cocido en agua; sino asado al fuego, con su cabeza, sus piernas y sus entrañas”. Es decir, entero. Era el símbolo de Jesús, de quien dice Salmo 22:16 – 18: “16 Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malhechores; me horadaron las manos y los pies. 17 Puedo contar todos mis huesos. Ellos me miran, me observan; 18 reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes”. Y el apóstol Juan confirma esto en Juan 19:36: “Porque estas cosas sucedieron así para que se cumpliese la Escritura que dice: Ninguno de sus huesos será quebrado”.

Aunque ninguno de sus huesos fueron tocados, dice Isaías 53:4 – 7: “4 Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. 5 Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros. 7 Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca”.

Como Cordero Pascual, fue llevado al matadero, al sacrificio por nosotros. Jesús sustituyó el cordero por el pan, con la misma simbología. Pablo nos recuerda las Palabras de Jesús en 1 Corintios 11:23 y 24: “Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24 y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí”. El pan, símbolo del cuerpo de Jesús, sustituye al cordero que era símbolo de Jesús.

En Éxodo 12:10 tenemos la siguiente instrucción: “Y no dejaréis nada de él para la mañana, sino que lo que quede de él para la mañana lo quemaréis en el fuego”. De ahí que el pan bendecido y que sobra, se ha de quemar.

VINO.

En el antiguo pacto, con el cordero pascual, se tomaba la sangre y se marcaban los postes y el dintel de las puertas. Pero eso, al igual que el cordero, quedó sustituido. Jesús dijo: 1 Cor. 11:25 “De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. La verdadera sangre que quita realmente el pecado del mundo estaba por ser vertida en la cruz. Es un nuevo Pacto, “en mi sangre”, y no en la de corderos que sólo son símbolos.

Así es como queda instituida la Santa Cena. La Pascua Judía comía el cordero, pero no la sangre. Sin embargo el Nuevo Pacto establecido por Jesús hace que su eficacia sea más íntima. Comemos y bebemos el cuerpo y la sangre de Jesús (simbólicamente), de modo que la limpieza de pecados empieza por dentro de nosotros, de forma interior. La hacemos nuestra, en lo más íntimo. Los emblemas pasan a ser parte de nosotros, de nuestro cuerpo. De igual modo Cristo pasa a morar en nosotros, en lo más íntimo de nuestro ser.

Es una representación de lo que ocurre realmente. Jesús mismo entra en nuestra vida. Viene a habitar en la parte más íntima de nuestra vida y ser. Les invito a participar de esta ocasión en este momento, repitiendo el simbolismo como Jesús lo hizo aquella noche.

(Marchar al lavamiento de Pies).

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