He visto a mucha gente sufrir trabajando para dar una herencia a sus descendientes (hijos, sobrinos, etc.) para luego ver que no han sabido valorar todo el esfuerzo que han hecho por ellos. Otras veces se han hecho reproches cruzados por el trabajo o el mal uso de la herencia. Pero en el Salmo 25 se nos dice que una buena herencia la disfruta el que la da y el que la recibe. ¿Cómo? Mira el vídeo para averiguarlo.

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