Editorial: CR7, Leo Messi et le Mundial de fútbol

Nos encontramos de repente en medio de una tormenta de noticias relacionadas con el mundial de fútbol. Tanto si a usted le gusta como si no, va a encontrar noticias del mundial de fútbol hasta en la sopa. Raro es quien, a pesar de no conocer a Leo Messi, no sepa quién es. Igualmente ocurre con su eterno rival, Cristiano Ronaldo, o CR7 como muchos le conocen.

Personalmente jamás me ha gustado el fútbol, a pesar de lo que muchos puedan pensar por mi origen español, sin embargo, es imposible escapar a esta avalancha de imágenes e información que, sinceramente, encuentro a veces incluso cansina.

Lo que me ha llamado poderosamente la atención, sin querer erigirme en un crítico o entendido en el deporte del balompié, es que estos dos jugadores de fútbol se encuentran eliminados del Mundial de Rusia. Apenas con 2 horas de diferencia, ambos jugadores estaban haciendo sus maletas para regresar a su hogar, tristes y con una experiencia amarga.

Está claro que contar con una súper estrella en el equipo no garantiza el éxito ni la victoria, valga el ejemplo de Portugal y Argentina. El fútbol es un juego en el que participan 11 personas en cada bando, y cada uno tiene una función muy precisa y determinada que desarrollar. Delanteros, medio campistas, defensas y portero. Si el portero sale a marcar gol, la portería queda indefensa. Los jugadores tienen prohibido tocar el balón con las manos, salvo el portero. Los defensas no están para llevarse la gloria del gol, pero para quitar el balón al equipo contrario antes que lleguen a nuestra portería y pasarlo a los delanteros para que intenten marcar un gol.

Cada jugador tiene un rol especial, y aunque a veces les toca jugar fuera de su lugar habitual, es imprescindible que cada uno sepa qué papel tiene que jugar y cuáles son sus responsabilidades. Si en un equipo todos tuviesen el mismo rol, todos fuesen iguales, sería imposible establecer una estrategia común y obtener la victoria.

En la iglesia nos ocurre lo mismo. Según Efesios 4:11-13 “[Jesús] es quien a unos ha hecho apóstoles; a otros, profetas; a otros, anunciadores del mensaje evangélico; a otros, encargados de dirigir y enseñar a los fieles. Capacita así a los creyentes para que desempeñen su ministerio y construyan el cuerpo de Cristo hasta que todos alcancemos la unidad propia de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios; hasta que seamos personas cabales; hasta que alcancemos, en madurez y plenitud, la talla de Cristo” (BLP).

Cada cual tiene un rol asignado según sus capacidades y los dones que Dios le da. Cada creyente tiene una función distinta y a veces única. Hay personas que son capaces de dar la bienvenida en la iglesia como ningún otro puede hacerlo. Hay otras con la capacidad y voluntad de servicio, otros a quienes resulta más fácil enseñar y alguno a quienes se les da muy bien predicar. No todos servimos para lo mismo, y no todos estamos llamados a ser siempre la estrella del show.

En este mundial hemos visto cómo dos grandes jugadores de fútbol han visto sus equipos eliminados prematuramente. Tener una gran “estrella” en el equipo no garantiza el éxito. Es la coordinación del trabajo de todos lo que puede aportar el éxito. Es el trabajo de cada uno en su responsabilidad lo que permite que los demás se centren en su tarea, porque confían que el otro hace lo que tiene que hacer.

Una persona sola no puede ganar el partido de la vida, necesitamos contar con los demás, y permitir a los demás confiar en que estaremos cumpliendo nuestro deber y no haciendo una tarea encomendada a otro.

De igual modo, si Alguien es realmente la “Estrella” del partido, ese es Jesús. Es Jesús mismo quien, según el texto leído nos ha nombrado a cada uno para una responsabilidad, pero si nosotros, el equipo de Dios, fallamos en desempeñar el papel que Jesús nos ha pedido desarrollar, el partido estará lejos de ser ganado. Sea cual sea el nivel administrativo de la iglesia, o dentro de la comunidad local, centrémonos en la tarea que tenemos por delante, confiando que los demás estarán en su lugar para poder avanzar juntos eficazmente.

Vamos adelante, a ganar el Mundial del Universo de la mano de nuestro Maestro y Señor. Hagamos juntos que la Iglesia lleve a cabo de forma eficaz, eficiente y efectiva la tarea de predicar la “buena noticia del reino” para que sea anunciada “por todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan. Entonces llegará el fin” (Mateo 24:14 BLP).

Pedro Torres – Editor Revue Adventiste – Union Franco-Belga.

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