Reivindicación violenta (Editorial RA Enero 2019)

Las reivindicaciones son tan viejas como el mundo. Siempre ha habido una lucha de poderes en toda época de la que se tenga recuerdo, personas que han sentido el deber de reclamar un derecho fundamental o adquirido. El problema de toda lucha es encontrar el equilibrio entre las dos partes con derecho.

 

Desde el punto de vista humano, siempre habrá tendencia pendular al desequilibrio, y cíclicamente habrá conflictos para equilibrar las clases, la economía, la sociedad. “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10), ya sea gobernante o pueblo llano.

 

El problema de las reivindicaciones convencionales es que el ser humano da por sentado que no hay referencia moral superior que la de uno mismo. La falta de referencias fiables, estables y duraderas nos llevan a la inestabilidad social cíclica.

 

Reivindicar el derecho es correcto, bueno y deseable, si se acompaña con el espíritu adecuado. En el momento que el espíritu que acompaña estas manifestaciones degenera en violencia en perjuicio de otros, desvirtúa y devalúa el derecho reclamado, si no lo anula por completo, aunque fuese legítimo.

 

Esta desnaturalización de un diálogo legítimo se dio por primera vez en el mismo cielo, cuando Lucifer reivindicó la dimisión de Dios para ocupar su lugar (Isaías 14:12-14). Finalmente degeneró en una verdadera “guerra en el Cielo” (Apocalipsis 12:7-9) que ha acabado en una guerra de guerrillas (2 Pedro 2:19) con escudos humanos manipulados contra su voluntad (1 Juan 5:19).

 

Si hay una causa en la que me empeño cada día es en la de liberar mentes de esta cautividad (Hechos 26:18) y así reivindicar la verdadera Justicia (Salmo 89:14). Si merece la pena reivindicar algo en esta vida, es la restauración del orden perdido en el Universo (Salmo 103:20-22) y, en definitiva, el carácter de quien fue cuestionado injustamente desde el principio y que, por haberlo dejado fuera de la vida pública, vemos la ausencia de su carácter en la sociedad actual (1 Juan 4:8).

 

Mi reivindicación hoy en día es a favor de los derechos de todo ser humano, pero, sobre todo, el derecho fundamental a la vida duradera y de calidad (Juan 3:16) que no siempre coincide con las expectativas humanas. Esos derechos los reivindico cada día de mi vida, para mí y los demás.

 

Pedro Torres – Editor  de la Revue Adventiste – Editorial Enerio 2019

Descarga este artículo en PDF aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.