Cuestión de Interés 4

El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. S. Mateo 13:22 RVR1960

Aquí Jesús explica a sus discípulos lo que acababa de ocurrir. Sabiendo que muchos seguían a Jesús, pero no todos motivados por las mismas circunstancias, el Maestro explica que en realidad la Parábola iba destinada a su audiencia allá presente, no era una mera generalización.

En esta ocasión se dirige a un tipo de persona interesante, más bien “interesado”. Jesús se dirige a aquellos que venían por “los panes y los peces”, los que tienen otros intereses más allá de la ética, la moral o lo espiritual. Hay quienes se acercan al mundo religioso porque encuentran un nicho de mercado menos competitivo o explotado (según el caso), o porque hacen de ello un modo de vida, o más bien, un “modus vivendi”.

Me imagino a Jesús mirando a Judas mientras explicaba esta parte de la parábola. “Los hay que me siguen porque piensan que voy a ser rey, o porque podrán tener cargos de importancia, o porque se acabarán sus problemas financieros si puedo multiplicar el oro y la comida (teología de la prosperidad tan extendida en ciertas latitudes). Pero en realidad os equivocáis. El mundo de los negocios y las preocupaciones de la vida os pueden absorber al punto que decidiréis abandonar para dedicaros a lo que realmente os interesa. Recordad que el creyente es el TERRENO, no la semilla. Y este terreno en particular decide nutrir y hacer crecer otras plantas antes que la que brota de la Buena Semilla.

Conozco demasiados casos de creyentes que, después de años de profesar una religión, “vendieron” sus principios a cambio de ganar mucho dinero.

Conozco casos de pastores y líderes espirituales que al final acabaron en escándalo por haber organizado un imperio a base del dinero de los creyentes, abandonando todo después avergonzados o con un escándalo judicial detrás.

Judas, delante de Jesús en ese momento, es un ejemplo de este tipo de terreno. Empezó siendo un discípulo como otro más, pero al final, su avaricia, amor por el dinero, por la posición, por el reconocimiento, ahogaron esa semilla del Evangelio que Jesús mismo sembró. Decidió dar prioridad a otras cosas antes que al amor de Dios.

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