Cuestión de Interés 5 (y último)

Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. S. Mateo 13:23 RVR1960

Jesús sigue explicando a sus discípulos lo que acababan de ver y oír, cómo Jesús tuvo que hacer frente a una multitud que se agolpó por diferentes razones de forma espontánea alrededor a orillas del lago de Galilea. Seguramente, después de muchas preguntas “random” (aleatorias) es cuando Jesús profirió la Parábola del Sembrador.

Recordemos que cada uno de nosotros somos un tipo de terreno diferente. Después de haber expuesto a los que 1) no quieren entender (duros, no dejan enraizar), 2) los que se suman a cualquier “moda” (pedregal), 3) los que son interesados o quieren obtener un beneficio egoísta (permiten crecer espinas), llega el buen terreno.

El creyente comparado por Jesús aquí con la “buena tierra” es un terreno que permite que la semilla (el mensaje del Reino de los Cielos” cale profundo dentro de él. Una vez dentro, germina y empieza a echar una raíz que profundiza aún más adentro del creyente. Desde fuera, la superficie, no se ve ningún cambio aparente, pero el proceso ha comenzado.

Hasta que la planta no ha desarrollado suficientemente una raíz para sostener las dos primeras hojas, no empieza a empujar hacia la superficie un tímido tallo. Lo más profundo que esto ocurre dentro de la tierra (corazón) más tardará en mostrarse en la superficie la evidencia de una nueva vida, pero más sólida y robusta será la vida de esa planta.

No tengamos demasiada prisa en hacer crecer o germinar el Evangelio en muchos. Es más una cuestión de paciencia y nutrición.

Dios se muestra comprensivo y no exige lo mismo a todos. El terreno que desea privilegiar el crecimiento de esa semilla no nutre otras plantas o al menos no las privilegia como a esta que es su objeto de esfuerzo. La planta recibe suficiente atención, agua y nutrientes de parte del suelo o tierra (creyente) como para desarrollarse y dar más o menos fruto, pero dar fruto. Depende de cada uno de nosotros dedicar más o menos esfuerzo a esa planta para que dé más o menos cantidad de fruto.

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