Estoy en huelga y hago la huelga (Editorial Enero 2020)

Antes de que el lector juzgue mi declaración, primero quisiera explicar qué es hacer huelga. La huelga es un derecho reconocido a todo asalariado en una empresa, aunque no en todos los países. La huelga es el cese de una actividad lucrativa con el fin de liberar ese tiempo para dedicarlo a la reivindicación de derechos profesionales, reclamar el reconocimiento de un derecho aún no adquirido, una mejora de las condiciones actuales o protestar por la pérdida de derechos reales, de facto, o en un futuro próximo.

No es lo mismo “estar en huelga” que “hacer la huelga”. Hacer la huelga es dejar de trabajar para dedicar ese tiempo liberado a actividades reivindicativas e informativas, tristemente el ser humano las hace también coercitivas. Tiene un coste económico personal y busca transformar una realidad.

Estar en huelga es dejar de trabajar. También tiene un coste económico, pero la forma principal de “reivindicación” es simplemente entorpecer el servicio a los demás, sin ninguna actividad proactiva que busque una solución. Es la huelga que fastidia a los que no tienen culpa de nada.

Muchos podrán enmendar, con razón, mi escueta explicación. Pero lo que me interesa son las dos formas diferentes de abordar un problema, pasando por la huelga.

Me declaro en huelga por las injusticias que veo en este mundo. No acepto la pérdida de derechos ni la imposibilidad de mejorar la sociedad, empezando por mi iglesia. Pero declarar algo es “estar” sin hacer nada. No es suficiente. Solo voy a conseguir molestar a los que me rodean, tan víctimas como yo de las injusticias.

Una vez que estoy en huelga, debo hacer la huelga si quiero cambiar el mundo y mi iglesia. No se trata simplemente de protestar molestando pasivamente. Hay que hacer algo. O, mejor dicho, DEJAR de hacer algo para empezar a hacer otra cosa. Por eso mismo, la huelga debe empezar por uno mismo. Identificar en mí qué es lo que debo dejar de hacer, con sus consecuencias, un precio a pagar o dejar de cobrar. Igual debo dejar de buscar constantemente el reconocimiento, el prestigio, el abuso de poder o situación, para empezar a dedicar esas energías, tiempo y esfuerzo a una actividad que realmente logre el objetivo de toda huelga, un cambio.

Hacer la huelga es dejar de hacer algo para, activamente, buscar un bien mayor, común, que beneficie a más personas que a mí solo.

Jesús, mi modelo en todo, se declaró en huelga e hizo la huelga. Detectó el nacimiento de la injusticia, que llamamos pecado, y dejó su actividad de Soberano del Universo para salir, mejor dicho, venir al mundo y hacer la huelga. Dejó de recibir alabanzas, reconocimiento para formar un piquete informativo de doce hombres, entre los que tenía un esquirol. Salió a manifestarse durante treinta y tres años y medio. Los folletos que distribuía informando del Reino de los cielos se coleccionaron en lo que ahora forma la Biblia, prolongando su Huelga hasta nuestros días. Yo retomo su causa. Estoy en huelga, y hago Su huelga.


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