Evolucionistas espirituales (sin saberlo) (Editorial)

Cada vez se requiere más coraje ser creyente creacionista, aceptar el relato de la creación de Génesis 1 al 3 de forma literal. La sociedad rechaza cada vez más toda idea de creación divina, dando lugar a la evolución deísta entre los que quieren congraciarse con la sociedad actual. Esta teoría defiende que Dios utilizó la evolución para crear a la humanidad. El problema que surge con esta interpretación de la creación es que la muerte debió existir antes del pecado del primer hombre. Sin muerte no hay selección natural y, por lo tanto, no hay evolución. Para la evolución deísta, la muerte debía existir antes del pecado, y esto es una gravísima incoherencia con la responsabilidad moral humana. La Biblia dice que la muerte es consecuencia del pecado y no al revés.

Los científicos creacionistas, con argumentos son sólidos y serios cuentan con el respetado a nivel internacional. (1) Resumo muy brevemente un ejemplo, la explicación lógica de la columna estratigráfica como resultado de la capacidad de huida de los animales en el momento del diluvio. Los más sencillos y pequeños no tienen posibilidad de huir rápidamente, por lo que fueron los primeros en ser sepultados con el lodo del diluvio, por ello se encuentran en las capas inferiores de la columna de estratos. Conforme aumenta el tamaño y movilidad de los animales, vamos encontrando los siguientes en ser atrapados por el diluvio, hasta llegar a los grandes animales, mamíferos y reptiles que fueron los últimos en sucumbir al diluvio. Luego está la flotabilidad de los animales tras su ahogamiento, hasta que acaban hundiéndose después de muertos.

Otros argumentos son los llamados fósiles vivientes (2), como el celacanto, el cangrejo de herradura, el nautilo y otros que, sin explicación alguna, han quedado “estancados” sin evolucionar, idénticos a los fósiles.

Si hoy encontrásemos los huesos de un chihuahua y un Dogo alemán, pensaríamos en “millones de años de evolución” cuando simplemente se trata de razas diferentes coetáneas. Lo mismo ocurriría con el esqueleto de un pigmeo africano y un noruego de dos metros de altura.

Hay muchos argumentos serios y lógicos. El gran problema es negar la variedad y diversidad intra-especie o intra-familia de animales. Querer encontrar una uniformidad lógica lineal y no simultánea plantea una estrechez de perspectiva que nos lleva a conclusiones erróneas.

Pero si llevamos esto al nivel espiritual, mucho me temo que nos encontraremos con cristianos (adventistas incluidos) evolucionistas espiritualmente. Nos cuesta pensar que puede haber una gran diversidad de entender y vivir la fe, sea por el origen, la familia, la cultura, el color de piel con el que se ha nacido, el continente donde se ha nacido, etc. Nos gusta uniformizar todo y nos cuesta creer que el mismo Dios que creó un mundo diverso y rico en variedad pueda tener un abanico mucho más amplio de lo que pensamos a la hora de recrear espiritualmente a cada ser humano que le acepta como su Dios y Salvador. Podemos ser creacionistas orgánicos, y evolucionistas espirituales, “matando” al más débil si no se adapta a nuestro estándar de fe.

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  1. Ejemplos: https://www.grisda.org/ ; https://answersingenesis.org/fr/ o https://www.icr.org/
  2. https://www.icr.org/article/profusion-living-fossils

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